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Mis camaradas

Nos reuníamos, un año más, en la sede del PCA de Linares, para un acto político que consiste en la entrega del carnet del Partido a nuevos militantes comunistas y en la renovación para quienes ya llegamos hace un tiempo. El carnet es la materialización de un compromiso político con unas ideas y una historia que iniciamos en un momento y renovamos cada año; lo hacemos con alegría, compartiendo unas tapas y una copa de vino, saludando a quienes, por distintas razones, vemos con menos frecuencia y, por supuesto, analizando el momento actual, concretando el qué hacer con los pies en la tierra y la vista en el horizonte, caminando hacia la utopía de una sociedad sin explotación, de justicia e igualdad para todas las personas.

Como cada año, recordamos a los camaradas que se han ido para siempre: Alejandro Arcos, Felipe Hidalgo, Pepe Barrios, Manuel Maza López, que han estado en el Partido hasta el último día de su vida y que constituyen el patrimonio humano de esta Organización que tanto ha luchado, y sigue luchando, por la democracia real y los derechos de los de abajo. Alejandro Arcos ha sido el último que ha desaparecido; con años de represión y cárcel en sus espaldas, siempre estaba dispuesto para el trabajo, desde su responsabilidad como concejal del Ayuntamiento o pintando los carteles que decoraban la Caseta del Partido en la feria de Linares; cerca ya de los noventa años, le gustaba hablar con los jóvenes y cantarles el himno de la Juventud Comunista: era su forma de decirles que para no retroceder en los derechos conquistados, hay que estar siempre en guardia…

Y, también como cada año, renovaban su compromiso político Mari Cazalilla y Tomás Cerezuela, viejos camaradas no tanto por los años como por la experiencia que han atesorado en una vida intensa, con momentos durísimos que no les han vencido, aunque formaran parte de la extensa nómina de perdedores de la guerra civil. Tomás era hijo de una familia de comunistas, hermano de dirigentes que sufrieron la tortura y la cárcel, niño apenas en los años terribles de la postguerra del hambre y la represión. Mari conoció a Tomás siendo una adolescente y, desde entonces, forman una pareja curtida en las causas de solidaridad con los presos políticos y en los viajes al penal de Burgos, y en la lucha en el barrio por mejorar las condiciones de vida de los vecinos. Siempre leales al Partido, siempre dispuestos para el debate y para el trabajo; son de esas personas cuya extraordinaria condición es que se sienten felices ayudando a los demás, ya sea ofreciendo un sitio en su mesa o una plaza en su coche: saben ser tan buenos amigos como compañeros de lucha, tan cariñosos en el trato como firmes en sus convicciones, tan orgullosos de sus ideales como sencillos en las tareas cotidianas y tan sabios por su trayectoria, como abiertos a las nuevas ideas.

Yo me siento feliz cada año por recibir a los militantes del Partido que recogen por primera vez su carnet, por recordar a los que ya no están entre nosotros y por encontrarme entre los camaradas que, una vez más, renovamos nuestro compromiso militante. He visto, un año más, a Tomás Cerezuela y a Mari Cazalilla, con la sonrisa abierta y la mano tendida, solemnes y sencillos como la gente del pueblo, con la seguridad y la alegría de estar donde quieren estar, entonando La Internacional con emoción contenida, confraternizando con todos… y he recordado los versos de Pablo Neruda, aquel poema magnífico que dedicó a su Partido y que hablaba de la fraternidad, del la fuerza, de la bondad, de la libertad y de la alegría… Me siento afortunada, porque el Partido me ha dado la posibilidad de conocer otras realidades, de sentir la ternura de la solidaridad con otras personas por encima del tiempo y de las fronteras, de cultivar una conciencia para ver el mundo con otros ojos, para construir realidades y tejer sueños horadando los muros de la injusticia y, sobre todo, para saber que la historia no empieza conmigo y que yo no termino en mí misma; que somos indestructibles, porque tenemos una historia, un ideal y un compromiso. Como Mari y Tomás, mis amigos y camaradas.

 

Ana Moreno Soriano.