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¿Banderas blancas? Lo que aprendimos de Lenin

Carlos Esteban. Responsable de Agitación y Propaganda del Comité Central del PCA

Lo que llevó al partido de Lenin a la victoria fue principalmente un cambio en la mentalidad sobre la acción política, el paso de la dinámica del “proselitismo” a la dinámica de “intervención”.

Tanto el socialismo utópico como muchos de los primeros seguidores de Marx basaban gran parte de su acción política en “difundir la idea”. Se trataba de convencer a los obreros de las bondades del socialismo, de que pasaran a engrosar las filas de los partidos y sindicatos socialistas, convertirlos en organizaciones de masas disciplinadas, fieles a un ideal claro. Algo que, paradójicamente, parecía imitar en su forma de actuar a la gran organización de masas del enemigo de clase, la Iglesia.

Lenin, por el contrario, supo aplicar el pensamiento dialéctico al análisis sobre la sociedad. Sabía que el pueblo no era algo estático, no es un espacio sobre el que se lanzan ideas de un lado y de otro a ver quien logra ocupar más; sabía que la sociedad es conflictiva y cambiante, que funciona con sus propios procesos. Como marxista entendía que la clave estaba en comprender esos procesos y saber cómo actuar en cada uno de ellos. Cada situación requerirá una acción política diferente.

Nuestro amigo Vladimir entendía que existen estados de conciencia, correlaciones de fuerza, momentos de crisis coyuntural, de inestabilidad, que abren la oportunidad a cambios profundos, tanto para bien como para mal. Por tanto, el discurso del partido debe estar adaptado a eso en cada momento, debe servir para conectar con la gente, debe estar adaptado a la situación pero enfocado a aumentar la conciencia en un difícil equilibrio. A los que se quedaban siempre en “lo que la gente quiere oír” los llamó oportunistas; y a los que siempre quieren ir gritando sus máximos principios y objetivos, los llamó izquierdistas.

Lenin no veía útil el Partido-Iglesia de la tradición socialdemócrata, prefería el Partido-Cirujano. El que no predica sino que interviene, el que no prioriza su auto-crecimiento sino su capacidad de influir en la gente, en el estado de ánimo de la clase obrera.

En definitiva, una forma de entender cómo debe actuar el partido, que a muchos de los que se dicen seguidores del mismo, les hubiera llevado a acusarle de tacticista o de renunciar a los principios revolucionarios.

“Oye Lenin, ¿que es eso de que el lema va a ser Pan, Paz y Tierra? ¡Yo no pienso renunciar a la consigna de ¡Abajo el Zar y dictadura del proletariado!”