El Partido Comunista de Andalucía inaugura hoy esta tribuna de debate abierta al conjunto del pueblo trabajador andaluz. Saludamos esta iniciativa y queremos, con este saludo de presentación, contribuir al debate para que transcienda las paredes de nuestro partido. «Los comunistas no tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado», seguimos diciendo desde que Marx y Engels así lo señalasen en el Manifiesto Comunista.

Los documentos aprobados por el Comité Federal para su debate en esta primera fase del XX Congreso no son en absoluto un ejercicio de ombliguismo, al contrario, son una propuesta provocadora para el debate del PCE que, por los asuntos que se abordan, afecta al conjunto de la clase trabajadora. La crisis del capitalismo se está tratando de resolver exprimiendo la reproducción social hasta el extremo y las comunistas estamos convencidas de que hay que superar el capitalismo en un proceso de emancipación consciente del conjunto de la clase trabajadora.

Tenemos por delante la celebración de diversos debates simultáneos en el tiempo y confluyentes en sus resultados: la Asamblea de IU, el Congreso del PCE y el proceso de construcción del bloque Social y Político desde la unidad popular. Pero también deben ser tiempos de acción frente a las más duras agresiones del capital y a los más brutales recortes de las libertades que se atisban en el horizonte. La crisis no ha terminado, las contradicciones se van a agudizar y, de la solución de las mismas y nuestra capacidad de incidir y maniobrar en ellas, depende el futuro  de las próximas generaciones.

Entendemos que hay dos formas de afrontar estos momentos decisivos para la izquierda en general y para el PCE en particular:

Una es resaltando y agrandando las diferencias para justificar el enfrentamiento y la configuración de bloques, con falsos debates, con acusaciones, etiquetas y medias verdades para confundir: todo ello nos lleva a terminar en un proceso de confrontación o ruptura basado en el ajuste de cuentas, imposibilitando el acuerdo e incluso la propia potencia deliberativa de nuestras agrupaciones de militantes.

Pero también existe otra forma de afrontar la Asamblea de IU o el Congreso del PCE, en la que, personalmente, nos vamos a implicar y dejar la piel, que es situando en primer lugar lo que nos une, lo que hace que trabajemos en una misma organización.

Dejemos sentado que todos, o la gran mayoría, compartimos la necesidad de una izquierda rupturista, la que se ve reflejada en el discurso de las candidaturas de IU-UP de las últimas elecciones generales, en el trabajo del anterior Grupo Parlamentario: una Izquierda que no está dispuesta a disolverse en ningún modelo de casa común por muy actualizado o remodelado que esté, o por muy de moda que parezca. Discutamos, por lo tanto, sobre las diferentes formas de organizarnos, de concretar alianzas, de afrontar la imprescindible renovación política y de dirección, porque aquí defenderemos posturas diferentes.

Resaltemos que estamos de acuerdo en proclamar que, en el marco de la actual UE sustentada en la llamada «Europa del Euro», es imposible una salida social a la crisis a favor de la mayoría social trabajadora y debatamos sobre cómo romper el Euro como instrumento de dominación de la economía y, por tanto, de la vida de la gente, porque aquí también tendremos diferencias.

Digamos que estamos de acuerdo en mantener la apuesta estratégica en torno a la ruptura democrática y la necesidad de construir un nuevo proyecto de país y discutamos sobre las medidas básicas o las prioridades.

Resaltemos que estos debates son necesarios e imprescindibles, pero hagámoslo desde la propuesta concreta, desde la voluntad de síntesis, que no es sinónimo de componenda; no agrandemos de forma artificial las diferencias, legitimas, necesarias.

Sobre todo, la obligación de las y los dirigentes en este momento es no fomentar la ruptura, ni por activa ni por pasiva.

Preparemos una asamblea de IU y un Congreso del PCE que nos permitan debatir acerca de ideas, de propuestas, de luchas; preparemos nuestro trabajo para participar en la construcción de poder popular a todos los niveles, para que desborde a quienes tratan de reformar el régimen y mantener el sistema, e ilusione a quienes queremos, en este año 2016 de debate y lucha, ser capaces de crecer en organización, en capacidad de movilización y también, como no, en perspectivas electorales.

Desde esta reflexión, apelamos a quien hoy tiene la palabra, a la base, para que nadie nos divida de forma falsa entre los que quieren enterrar Izquierda Unida y los que quieren salvarla. IU no necesita salvadoras ni salvadores. Lo que necesitamos es asumir el reto y dar la batalla de las ideas frente al capitalismo, frente al autoritarismo, en defensa de la clase trabajadora, de una democracia real, participativa, de una política de solidaridad y paz.

Por ello, desde las asambleas de base que hoy están hablando, se nos debe exigir a quienes tenemos responsabilidades de dirección que seamos conscientes de que es mucho más lo que nos une que lo que nos puede separar.

Que nadie haga trampas, que nadie oculte proyectos. Expongamos nuestras posturasde forma clara y honesta  para debatirlas. En definitiva, aprendamos de lo que nos enseñaron Pepe Díaz y Dolores Ibárruri, con esa pasión por la unidad que hoy tiene más sentido que nunca.

Estamos seguros de que en la IU actual se encuentra mucho de lo mejor de la izquierda española, pero también somos conscientes de que fuera de IU existen muchas personas y colectivos con los que necesitamos confluir, converger para configurar esa alternativa de ruptura que necesita la mayoría social trabajadora para conquistar una salida de la crisis social, justa y democrática. Y esta confluencia, esta convergencia, necesita organizarse con un debate abierto y amplio, en el que no sobra nadie sino que, por el contrario, falta mucha gente.

En este sentido, la primera fase del Congreso del PCE debe ser útil en primer lugar al propio Partido, porque sin un PCE fuerte, activo, capaz de implicarse en el conflicto social, no es posible una izquierda que confronte con el capitalismo. Pero también debe ser útil a la configuración de la Unidad Popular que hoy necesitan la clase trabajadora y las capas populares para disputar la hegemonía al neoliberalismo.

Por ello, el PCE debe afrontar este debate desde la necesidad de hacerlo sin intermediarios, con plena personalidad y toda la energía de la que hemos sido capaces la militancia comunista en los momentos más difíciles de nuestra historia. Vamos a defender el Partido de Dolores y Pepe Díaz, el Partido del Frente Popular, que antepuso la unidad de las fuerzas republicanas al sectarismo de quienes buscaban la división.

En definitiva, es la hora del debate sincero, sin trampas ni falsos argumentos, desde el respeto a todas las posiciones y la voluntad de unidad.

El pueblo trabajador, cuyo elemento más consciente son el millón de votos obtenidos en las recientes elecciones, es el destinatario de nuestra praxis política. A ellos y a ellas nos debemos. Del análisis de las grandes derrotas del movimiento obrero y democrático han surgido las posibilidades de las victorias futuras. Marx nos regaló las preciosas páginas sobre 1848 y 1871. No habría 1917 sin el análisis de Lenin y su partido de la derrota de 1905. No tendríamos al más útil Gramsci sin su derrota política y personal.

Con esto queremos decir que las posibilidades de victoria en la lucha de clases se incrementaran si sabemos adecuar nuestra estrategia y nuestra táctica política al ciclo largo de luchas que parece abrirse: un ciclo largo en el que la derrota y el miedo aún pueden cambiar de bando.

José Luis Centella. Secretario General del PCE

José Manuel Mariscal. Secretario General del PCA